Historia de los Modelos Policiales
Artículo por: Raúl Matarranz (Coordinador de Actividades)
Casi desde el mismo momento en que se creaban las primeras policías, tal y como las entendemos, en los albores de la época contemporánea, la sociedad, y en especial los estudiosos, establecían criterios de clasificación, con el fin de ordenar y normativizar el comportamiento que los futuros defensores de la ley tendrían que acatar.
Se tratará a lo largo de este artículo de desarrollar los distintos modelos policiales en la clasificación que en él se expone, extendiendo dicha información en la medida de lo posible, así como analizando la evolución en la historia de los distintos modelos, y aclarando cómo las circunstancias de cada momento justificaron el avance de uno a otro.
Asimismo, se tratará de exponer con la mayor claridad posible los distintos modelos policiales que actualmente existen en el mundo, tratando de aclarar las principales cuestiones, mediante ejemplos reales, que definan dichos modelos.

Una de las labores de las policías, en cualquier modelo policial, es el restablecimiento del orden, que en ocasiones lleva aparejado el temido uso de la fuerza. No se debe olvidar que la policía es parte de la sociedad a la que protege y sirve, debiendo evitarse abusos en sus atribuciones.
Desde que los primeros seres humanos se encontraron entre si, se hizo patente la necesidad de establecer mecanismos de defensa y control, ya fuera para protegerse de amenazas exteriores como para mantener la jerarquía y el orden social dentro de cada tribu o, posteriormente, de cada comunidad. Esto se transmitió, desde un primer momento, en la aplicación y control del monopolio de la fuerza por parte del líder del clan, quien a medida que aumentaba el número de seguidores se veía obligado a agrupar a varios de sus miembros como su propia guardia personal, si es que quería mantenerse en el poder.
Ello significó que las primeras aplicaciones de la ley (en un sentido no estricto de la palabra) eran realizadas por decisión y voluntad del jefe tribal (normalmente el más fuerte del grupo), y ejecutadas por ese grupo de elegidos, los guerreros, quienes además eran los que, como su nombre indica, se encargaban de hacer la guerra. Coincidían pues las labores de orden interno y de defensa en un mismo grupo de personas que, aunque no se les podía llamar ejército, eran el embrión de lo que siglos más tarde se agruparían bajo dicha denominación. Todo ello se reforzaba, como no podía ser de otro modo, por el apoyo espiritual, cuyos miembros y sacerdotes o chamanes casi siempre se encontraban íntimamente relacionados con el líder tribal.

La creación de las grandes ciudades y de los primeros imperios como el babilónico o el egipcio dieron lugar a que se destinara una parte de los Ejércitos a labores propiamente policiales, desde un punto de vista que por primera vez en la historia de la humanidad se alejaba de estrictamente militar. En la imagen, la ciudad de Nínive, la más esplendorosa del Imperio Babilónico, donde el Emperador Hammurabi creó el código legal con su mismo nombre.
El crecimiento de la población y la consecuente evolución de las comunidades hacia sistemas mayores y más complejos, así como su agrupamiento en urbes o ciudades, dio como origen una nueva necesidad: una ley que fuera más allá de la costumbre, que fuera imparcial. Ahora bien, dada la saturación y la multiplicidad de casos, estos ya no podían ser resueltos siempre por el rey o caudillo, quien terminaba delegando funciones primero en el sacerdocio y posteriormente en los primeros juristas. Así, ya en los orígenes, serían los egipcios, y sobre todo los babilónicos con su “Código de Hammurabi”, hecho por orden del Emperador del mismo nombre en la ciudad de Nínive, los primeros en destinar a parte de sus ejércitos a labores permanentes de mantenimiento del orden dentro de sus ciudades, así como para ejercer un mayor control sobre los esclavos y cautivos.
Serían sin embargo griegos y en especial romanos los que harían uso de elementos militares en auténticas funciones de policía. Roma, en particular, constituye un ejemplo importantísimo en este campo, ya que en el esplendor de la República las legiones tenían prohibida la entrada en la urbe, manteniendo a través de guardias de carácter similar bajo el mando de un Praetor el orden en la metrópolis. Se establecía además un primer criterio de descentralización, una innovación importante, pues esta fuerza actuaba en defensa de la ley y del Senado, y no de reyes o dictadores como en la época etrusca, lo que implicaba que nadie estaba por encima de dicha ley, ni siquiera los senadores, pues estos eran parte del pueblo al que representaban. (De ahí el que se haría tan famoso símbolo romana, el S.P.Q.R., que significaba “Senatus Populusque Romanus”, el Senado y el Pueblo Romanos). Aunque por supuesto esto fuera más una teoría que una práctica habitual, lo cierto es que constituía un enorme avance y un importante cambio de mentalidad.

La Roma y la Grecia clásicas supusieron grandes avances en materia judicial y policial. De hecho, en la Roma republicana las legiones tenían prohibida la entrada en la gran ciudad, manteniéndose el orden a base de una fuerza que, aunque militar, no dependía de los generales del ejército.
El sistema medieval feudal no traería grandes cambios en cuanto a la aplicación del monopolio de la fuerza, si bien aparecieron las primeras figuras de alguaciles (Sheriff, en lengua anglosajona), personas que mantenían el orden en nombre del Rey. No obstante, seguían siendo los mismos que hacían la guerra los que ejecutaban la propia ley de ipso, aunque siempre bajo el mando de los mencionados elegidos de la Corona. Ello supuso por primera vez la aparición de un cierto poder discrecional, estableciendo las primeras aunque primitivas bases de un cambio del modelo legalista al modelo de vigilancia en determinadas áreas, aunque no sería hasta más adelante que dicho cambio se realizaría de verdad.
La acción de estos “representantes” se veía, al igual que en las primeras tribus, combinada por el poder espiritual, ahora institucionalizado en la Iglesia Católica (o en el Islam, según las regiones del mundo, ya que según las áreas imperaba una religión u otra, e incluso otras no citadas), que había visto crecer sus poderes en la decadencia romana, hasta el punto de hacerse garante de amplios aspectos legales a través de la Santa Inquisición, que relacionaba rápidamente los aspectos del alma y su salvación con otras cuestiones legales mucho más terrenales.
El paso de la Edad Media a la Edad Moderna supuso una mayor evolución de estos alguaciles, sobre todo en las ciudades, en las que bajo su coordinación se realizaban ya rondas organizadas y patrullas nocturnas, estableciéndose los primeros sistemas de turnos realmente institucionalizados, al tiempo que el concepto de “Guardia”, tan extendido en la época anterior, adquiría un mayor significado de fuerza de orden. No obstante, las cuestiones indagativas e investigativas seguían corriendo en gran medida a costa de la Iglesia, a través de la Santa Inquisición, lo que originaba en ocasiones choques que se podrían denominar competenciales entre esta institución y los nobles y reyes. Era este un problema que en los dominios del Islam no se planteaba, pues poder religioso y poder político confluían en muchas ocasiones en las mismas figuras.

La Edad Moderna supuso la creación de la figura del Alguacil, que mantenía el orden en el nombre del Rey. Era ayudado por elementos del ejército del monarca, que colaboraban con él para el uso de la fuerza o la realización de rondas nocturnas, como la de la imagen. El grito de “¡Alto, policía!” se realizaba entonces en España mediante la expresión “¡Favor al Rey!”
No sería hasta la Revolución Francesa cuando se establecerían criterios fijos de representantes de la ley fuera de los ámbitos militares, aunque el parlamentarismo británico ya había introducido algunos conceptos similares dentro de su sistema legal.
Con la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y con la Independencia de los Estados Unidos de América se desarrollaron por primera vez criterios de servicio a la sociedad, en lugar de subordinación al Rey, recuperándose de nuevo un concepto perdido desde los tiempos de Grecia y Roma. Aunque de facto se mantenía un modelo de Vigilancia, se iniciaban ya los primeros conceptos de un modelo de servicios, aunque desde el punto de vista administrativo continuaban siendo modelos totalmente centralizados.
El siglo XIX supuso un gran cambio en lo que a las policías se refiere. Países como Gran Bretaña establecieron auténticas policías totalmente civiles, definitivamente al margen del estamento militar. No obstante, las necesidades de un Imperio en Expansión supusieron que en muchos casos fuerzas de voluntarios militarizados ejercieran las funciones de defensores de la ley, avanzando a modelos mixtos la mayoría de las grandes potencias, ya fueran europeas o los nacientes Estados Unidos de América o el Japón.

La rápida expansión de las naciones europeas y la norteamericana tuvieron como resultado la incapacidad de adaptar los sistemas policiales de la época a los medios que hubieran sido necesarios, teniendo que recurrir en muchas ocasiones a colaborar con el ejército para capturar delincuentes peligrosos o para mantener el orden. No obstante, el siglo XIX vería grandes avances en materia policial, con la creación de organismos que se ocuparan específicamente a esas funciones.
Emblemáticas unidades como la Policía Montada (que tuvo muchas más variables a parte de la del Canadá, como son la de Natal, los Rifles Montados de Newcastle, etc) o los Rangers de Texas ejercían las labores de indagación y mantenimiento del orden en las colonias, al tiempo que se les arrastraba a compañas militares y operaciones de castigo contra los indígenas y los insurgentes. Países como Francia optaron por la creación de Gendarmerías locales en las colonias, hechas a partir de originarios de ellas, pero siempre bajo la supervisión de algún oficial enviado desde la metrópoli.
No obstante a lo anterior, lo cierto es que la mayoría de servicios policiales que conocemos son herederos de esta época. La creación de Scotland Yard y la correspondiente fama adquirida posteriormente abrió importantes avances en el tema de la investigación, estableciéndose por primera vez criterios científicos en lugar de meras suposiciones, y sentó las bases de lo que serían las modernas técnicas.
La evolución administrativa de un modelo centralizado a otros más descentralizados y, sobre todo, al intermedio, es relativamente moderna. En efecto, aunque el mundo anglosajón es pionero en lo referente a dividir cuanto más mejor los poderes del Estado, lo cierto es que importantes naciones como Alemania no vieron la luz hasta el siglo XX (el concepto Prusiano de Alemania sólo incluía una porción de ella, y si bien Bismarck unió en gran parte a los landwehr, la nación que hoy conocemos no vio la luz hasta tiempo después), lo que retrasó la aparición de estos modelos más descentralizados. El modelo intermedio, de hecho, es una cuestión totalmente moderna, un híbrido entre los dos anteriores, que procura coger las virtudes de ambos en busca de un mejor y más seguro servicio a la sociedad de la que forma parte.
Artículo escrito por Raúl Matarranz, Adaptación web por Juan Quintana, Artículo protegido por copyright, prohibida su reproducción sin permiso escrito del autor