Introducción a la España del renacimiento y sus tercios
Por: Luis Molina
(Colaborador) 
Al terminar la edad media, y con la llegada del
renacimiento, se producen importantes cambios sociales y políticos que acabarán
por hacer posibles los estados modernos. Dos son los elementos que permiten la
aparición del estado moderno, la burocracia y el ejército permanente, que dan al
rey la capacidad de ser el único soberano en su territorio. En España ese tipo
de ejército permanente se configura a finales del siglo XV para las guerras
contra Francia en Italia, iniciadas por Fernando el Católico, quien en 1496
organizó la infantería en unidades tácticas denominadas compañías, de quinientos
hombres. Pero estas unidades no poseían suficiente capacidad de combate para
operar aisladamente, por lo que más adelante se creó una unidad superior
denominada colunela (coronelía), que constaba de veinte compañías y contaba
además con apoyos de caballería y artillería.
Tras las victorias del Gran Capitán contra los franceses
en Italia, las triunfales campañas del cardenal Cisneros en África y la
coronación de Carlos V como emperador de Alemania, España pasa a ser protectora
de la unidad religiosa en Europa. Para defender la unidad espiritual y política
de Europa contra protestantes y turcos, el César Carlos convierte el ejército
del cardenal Cisneros en una potente máquina de guerra, en la que la Infantería
organizada en tercios asombrará a Europa por su eficacia y disciplina. Los
primeros tercios italianos fueron los de Lombardía, Sicilia y Nápoles, creados a
propuesta del Duque de Alba.
En la España del Renacimiento había un ambiente belicoso
propicio a fomentar la carrera de las armas. Así, aunque Carlos V empleó el
sistema de levas para organizar las tropas de Italia y las guarniciones de
África, su ejército se nutrió en gran medida de voluntarios. Para regular el
alistamiento voluntario, la "Real Hacienda" hacía un contrato con algún capitán
cuya reputación garantizara su capacidad para alistar a cierto número de
soldados, y los inspectores reales determinaban si se habían cumplido las
condiciones establecidas en el contrato antes de pagarle. Los que se alistaban
voluntariamente (guzmanes) solían ser hijos de familias nobles que preferían la
carrera militar a la cortesana o la eclesiástica.

Cuadro de Las Lanzas de Velázquez que representa la rendición de la ciudad de Breda a los tercios españoles.
Los tercios nacieron en una fecha incierta y discutida
entre octubre de 1534, año en que Carlos V dio la orden de reorganizar las
compañías de infantería española que la corona española tenia en Italia desde
mucho tiempo atrás, y la llamada ordenanza de Génova de 1536 en la que dicta
instrucciones para pagarlos.
En estos años, en esencia, Carlos V ordenó reagrupar en
tres tercios, es decir, en tres terceras partes correspondientes al ducado de
Milán, el reino de Nápoles y el reino de Sicilia, la infantería española que
había en Italia desde antiguo, en algunos casos desde el Gran Capitán, y en
otros desde los almogávares.
Carlos creaba tres mandos y jurisdicciones militares
correspondientes a cada uno de los tres estados más importantes que tenía en
Italia; el reino de Nápoles, que era más de media península italiana, entonces
el reino más rico y prospero de todo el Mediterráneo, el reino de Sicilia, en la
isla de su nombre, y el ducado de Milán, o el reino de Lombardía, en el norte de
Italia.
En los tercios podían servir como soldados de su graciosa
majestad el Rey Católico, todos sus súbditos varones. Es decir en los tercios
prestaron servicio, alemanes, valones, italianos, españoles y borgoñones. Además
claro esta de todos los que quisieran defender la Fe católica por estos motivos
entró a formar parte de los mismos irlandeses, ingleses, escoceses, croatas y
albaneses.
En resumidas cuentas los tercios eran un verdadero
ejército multinacional

A parte de los diferentes hechos de armas, los tercios
que estaban compuestos exclusivamente por españoles tenían una peculiaridad,
desde su creación
Todo español que sentaba plaza de soldado en los tercios
adquiría un compromiso personal con el propio Rey, que era quien le pagaba.
Contrariamente a lo que ocurría con otros vasallos, el soldado español no estaba
obligado a jurar fidelidad y lealtad expresa al monarca, ya que este juramento
se sobreentendía desde el mismo momento del reclutamiento y solo dejaba de tener
vigencia cuando el soldado obtenía su licencia.
El resto de súbditos de su majestad el Rey Católico,
debían jurar fidelidad antes de convertirse en soldados.
Por último el capitán de cada compañía antes de enrolar a
un nuevo miembro le repetía cual iban a ser sus deberes a partir de ese mismo
momento:
• Entenderán los soldados del capitán que el más alto
precepto de la milicia es la obediencia.
• Entenderán los soldados del capitán el honroso oficio
que entre manos traen y han profesado.
• Entenderán del capitán que guarden y conserven la
Cristiandad que en España han heredado.
• Entenderán del capitán los soldados que vienen a ser
defensores, y aumentadores de la Santa Fe Católica, y que guarden los preceptos
de ella como tales.
• Entenderán del capitán los soldados que vienen a
guardar y conservar los reinos y Provincias de su Rey, y las que fueren
desobedientes y enemigas, castigarlas y conservarlas por su valor y armas.
Una vez cumplimentado este nuevo tramite, el soldado
sentaba plaza en el tercio
Artículo por: Luis Molina y Ángel, adaptación web por Juan Quintana. Prohibida su reproducción sin permiso expreso de los autores